Tabarca, la isla paradisíaca del Mediterráneo

La riqueza marina de las aguas de Tabarca.

Son muchos los motivos para visitar la costa alicantina, pero de entre todos ellos destaca uno: la isla de Tabarca, la única habitada de la Comunitat Valenciana. Uno de los enclaves más bellos y sorprendentes del litoral. En realidad es un archipiélago formado por la isla Plana (o Tabarca), La Cantera, La Galera y La Nao.

De apenas dos kilómetros de largo y 400 metros de ancho, su proximidad a la costa convierten este singular espacio en una visita obligada para los amantes del mar.

Dosenelcamino.blog recorrió sus calles angostas y sus calas de aguas trasparentes en una visita inolvidable que, a buen seguro, repetiremos.

Son muchas las “tabarqueras” que comunican la isla con Santa Pola y Alicante

Son muchas las conocidas “tabarqueras” que trasladan a diario a los turistas desde Santa Pola y Alicante. En nuestro caso, iniciamos nuestra pequeña travesía de media hora desde el puerto santapolero.

La sensación de iniciar un viaje diferente nos embarga. La salida desde la bocana nos ofrece una vista impresionante del litoral. La primera línea de apartamentos y establecimientos hoteleros se extiende por la costa hasta el faro mientras la torre vigía nos observa como antaño, vigilante ante la llegada del posible enemigo, a menudo escondido en la propia isla de Tabarca.

Las olas chocan implacables contra el casco del catamarán, que avanza hacia nuestro destino en un mar de color turquesa. En pocos minutos nos acercamos a la isla que emerge como una pequeña formación rocosa amurallada, vestigio evidente de su pasado como refugio de piratas berberiscos y antes de fenicios y romanos.

Tabarca es la primera reserva marina de España desde 1986

El pequeño puerto bulle de visitantes que desembarcan ávidos de la mejor hamaca en primera línea mientras se ven las primeras caras de asombro ante un fondo plagado de peces, muestra de la riqueza de estas aguas cristalinas.

No en vano, Tabarca es la primera reserva marina de todo el país desde 1986 y Zona de Especial Protección para las Aves, además de conjunto histórico artístico desde 1964.

Una pequeño paseo nos traslada a la playa principal, de unos 200 metros, punto de encuentro de la mayoría de los visitantes, aunque son muchos los rincones por explorar. Los guijarros no invitan a tumbarse en la tradicional toalla, si bien el servicio de hamacas es económico y, dependiendo de la disponibilidad, puede ser una buena opción para las familias que deciden pasar el día en este singular archipiélago.

Las praderas de posidonia son uno de los grandes atractivos de los fondos marinos de la isla

No obstante, merece la pena perderse entre sus calas y disfrutar de la verdadera joya que se esconde en el fondo de sus aguas: la posidonia. En las 1.400 hectáreas de reserva marina se encuentra una de las principales praderas de esta planta acuática, endémica del Mediterráneo, y auténtico pulmón en peligro.

Es por ello que resultan imprescindibles unas gafas de buceo para disfrutar con la sensación de paz y tranquilidad que podemos experimentar bajo las aguas cristalinas de la isla.

Panorámica de la playa principal de la isla, con su marca de hamacas y sombrillas.

Meros, salmonetes, doradas y pargos son algunos de los peces que se pueden observar y, con suerte, alguna que otra tortuga boba y langosta e incluso caballitos de mar, además de pulpos, crustáceos, moluscos, erizos de mar y morenas.

Una vida marina de gran riqueza que nos invita a compartir este entorno increíble en el que el ser humano se siente insignificante. Dejarse llevar por las olas y mecerse a su antojo convierten el baño en estas aguas en un auténtico lujo.

Pero Tabarca también ofrece una visita más cultural entre las calles del pequeño pueblo, de apenas un centenar de residentes.

Tres puertas de acceso aún se mantienen en pie, recordándonos su pasado defensivo ante los ataques piratas que a menudo asolaban la costa alicantina. La de Levante, la más próxima al puerto, nos adentra en el núcleo urbano donde el visitante puede disfrutar de las tiendas de artesanía, restaurantes y hostales.

Más hacia el oeste se encuentra la puerta de San Gabriel, que da paso a una zona rocosa con calas de gran belleza donde huir del bullicio. Existe una tercera puerta, la de san Miguel, que daba acceso al antiguo puerto. La isla también cuenta con iglesia, la de San Pedro y San Pablo, y un hotel en lo que antaño era la Casa del Gobernador. Además de un museo en lo que fue el almacén de la almadraba.

Caldero en el restaurante La Gloria.

La isla también es punto de encuentro gastronómico donde el tradicional caldero es la principal estrella. Son varios los restaurantes que ofrecen menús a buen precio y en el que destacan, además del ya citado caldero, los arroces, los pulpos y los calamares a la plancha. Dosenelcamino.blog recomienda La Gloria. Un local familiar en el que calidad y precio se dan la mano, acompañado de un trato afable que tanto agradecemos los visitantes.

La jornada llega a su fin, los turistas van poco a poco dejando la isla, y la paz vuelve a sus playas. Tabarca recupera su espíritu y a nosotros nos embarga la tristeza. Es hora de marchar, pero con la esperanza de volver y reencontrarnos entre sus aguas.


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